La Catedral Actual
Acuarela de la Catedral hacia
1817.
Parecía que la quinta catedral iba a ser la definitiva pero por desgracia no fue así. Porque a las 9 de la noche del
23 de mayo de
1752 se derrumbó una parte de la catedral y entre las seis y la siete de la mañana del día siguiente se desplomaron, según informe del gobernador
José de Andonaegui "las tres bóvedas de iguales naves". Y el obispo, don Cayetano Marcellano y Agramont informaba al rey que fue preciso "derribarla enteramente por la poca firmeza de las paredes que han quedado y empezar su fábrica desde los cimientos con más solidez y extensión que los de la antigua, que por su cortedad no parecía catedral".
Transcurridos tres años, sin contar con la autorización real y sin haber enviado los planos para su autorización, y con el total apoyo del Cabildo Eclesiástico, empezó el obispo a levantar la nueva catedral, la actual, según los planos de un arquitecto nombrado Antonio Masella, de origen saboyano. El célebre vasco y hombre de empresa Domingo de Basavilbaso, hombre de confianza del obispo y bienquisto de la ciudad, en 1754 se hizo cargo de la tesorería y dirección de la obra del nuevo templo. La nueva catedral, según el plano de Masella, sería de
cruz latina, con tres
naves y seis
capillas laterales a ambas.

La Catedral hacia 1829, por
Carlos PellegriniLa catedral se fue edificando con los bienes de la Iglesia y con la cooperación económica del pueblo. Las obras, de a poco, se iban realizando, tanto que en
1758 se pudo inaugurar la llamada nave de
San Pedro, la que se halla a la derecha de la puerta de entrada, y también el nuevo bautisterio. Pero, aunque un poco tardía, la ayuda real empezó a llegar en
1760.
Don Cayetano Marcellano y Agramont, que tanto había hecho por la nueva catedral en
1759, tuvo que dejar el gobierno de esta diócesis por haber sido trasladado a la sede arzobispal de
Charcas. Su sucesor, el porteño José Antonio Basurco (1760-61) ocupó sólo un año la sede bonaerense, pero hizo también su obra contribuyendo a la prolongación del templo al donar el terreno de una casa, contigua a la iglesia, que pertenencia de su hermana, doña María Josefa Basurco, tasado en 7.500 pesos, que pagó de su peculio personal.
Una dificultad sobrevino en
1770, en que al detectarse grietas en la media naranja o cúpula, fue necesario proceder a su demolición. Al cabo de siete años las obras tuvieron que suspenderse porque también se había suspendido la ayuda estipulada en 6.000 pesos. En
1778 fue demolido el
pórtico porque no concordaba con las proporciones del edificio de la catedral; también fueron demolidas las torres por no estar de acuerdo con el estilo del templo.
Fue el penúltimo obispo de Buenos Aires, don Manuel Azamor y Ramírez, quien puso cima a las obras del templo catedralicio en lo que se refiere a lo principal de él y lo inauguró el
25 de marzo de
1791, treinta y ocho años después de iniciada su reconstrucción en 1753. La catedral fue consagrada en
1804 por el último obispo de la era hispánica don
Benito de Lué y Riega, quien se empeñó en agregarle lo que aún le faltaba: el
frontis y las torres. Las obras se comenzaron en 1804, pero en
1807 hubieron de suspenderse por falta de numerario.
En este
daguerrotipo de 1854 se aprecia la catedral aún sin friso.
Pasados los años, independizado ya el país de España, el gobierno de
Martín Rodríguez en la persona de su ministro
Bernardino Rivadavia puso un gran interés en la conclusión de las obras de la catedral. Al respecto, se sabe con certeza que las del frontis se comenzaron el mes de enero de
1822. En este punto hay que salir al paso de un error que ha tomado cuerpo. Se dice que el encargado de terminar, el francés
Próspero Catelin, al levantar la
columnata del frontis se inspiró en la
Iglesia de la Madeleine de París. Pero si confrontamos una y otra, constatamos en seguida que en realidad no fue así. En primer lugar, la Madeleine tiene ocho columnas y la catedral de Buenos Aires doce. En segundo término, las obras de la Madeleine se concluyeron el año
1842 y por tanto no podía tomarse como modelo lo que aún estaba por concluir en 1822. Según el arquitecto Buschiazzo más bien parece que Catelin "se hubiese inspirado en el Palais Bourbon, cuya fachada tiene también doce columnas y que acababa de ser terminado por el arquitecto Poyat en 1807". Las doce columnas, número con el que quiso representar a los doce apóstoles, se concluyeron en
1823, aunque sin
capiteles y sin las esculturas del tímpano. Las columnas se revocaron tardíamente, en
1862, y ese mismo año, el escultor francés Dubordieu realizó esculturas del tímpano en que representa al encuentro de
José y sus hermanos, alusión al encuentro de los argentinos después de la
batalla de Pavón en
1861. Las columnas son de
orden corintio.

La Curia Eclesiástica, a la derecha de la Catedral (ca. 1920)
En
1856, el Gobierno de Buenos Aires dictó una ley para la construcción de la demorada Curia Eclesiástica. Fue proyectada por
Pedro Fossati en estilo
italianizante y se edificó en el terreno lindante hacia el este, dejando el espacio del camposanto de por medio. Contaba con planta baja y dos pisos y su interior estaba organizado alrededor de un patio central. Fue concluido por el ingeniero
Charles Pellegrini, y habilitado en 1862. La Curia fue incendiada el 16 de junio de 1955 por militantes
peronistas, como represalia por el
bombardeo a la Plaza de Mayo que había ocurrido ese mismo día en un intento de
Golpe de Estado, asesinando a cientos de civiles.
Por último, no hay que olvidar que la catedral fue declarada monumento histórico el
21 de mayo de
1942. En 1994, comenzó una intensiva obra de restauración y puesta en valor del templo dirigida por el arquitecto
Norberto Silva. La finalización de los trabajos fue celebrada el 13 de octubre de 1999 con una misa brindada por el arzobispo
Jorge Bergoglio, a la cual asistió entre otros el presidente
Carlos Menem.
[1]