sábado, 28 de agosto de 2010

Origenes la Catedral

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Orígenes De la Catedral de Buenos Aires
Cuando Juan de Garay vino desde Asuncion a fundar la ciudad de la Trinidad, acto que tuvo lugar el 11 de junio de 1580, destinó para la iglesia mayor o catedral el mismo cuarto de manzana que ocupa hoy en día. En el acta de fundación se lee: "hago y fundo en el asiento una ciudad la cual pueblo con los soldados y gente que al presente he traído para ello, la iglesia de la cual pongo por advocación de la Santísima Trinidad, la cual sea y ha de ser iglesia mayor parroquial". En lo que atañe a la jurisdicción eclesiástica, la nueva ciudad dependía de la diócesis del Río de la Plata, creada por Paulo III el 1º de julio de 1547 con sede en Asunción.
La iglesia parroquial era una modesta construcción con tapias de adobe y madera, que en 1605 el gobernador Hernandarias mandó demoler por muy vieja e indecente. Ignoramos qué proporciones tendría la que se levantó en su lugar con madera traída expresamente del Paraguay. Años más tarde, en 1616, su techumbre amenazaba desplomarse y la parroquia tuvo que pasar a la iglesia de San Francisco.Y mientras se hacían proyectos para reformarla, solicitando para ello la contribución pecuniaria de los fieles, la iglesia acabó de derrumbarse porque estaba mal edificada y con madera podrida de sauce. Ni el Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad perdieron el ánimo y enseguida fletaron una embarcación al Paraguay para adquirir y traer la madera necesaria para la reedificación del templo. Las obras se iniciaron en enero de 1618. Según el presupuesto de Pascual Ramírez que las llevaría a cabo, su costo sería de 1.100 pesos. Sobre la recaudación del dinero carecemos de información exacta, pero sí sabemos que a finales de aquel mismo año la obra del templo estaba concluida. Pero se ofrecía una dificultad: éste resultaba más pequeño que el anterior, tanto que en 1621 ya se hablaba de construir otro destinado a catedral.
Entre tanto, en Madrid y en Roma se llevaban a cabo los trámites para la creación de la diócesis de Buenos Aires. La bula de erección canónica por Su Santidad Paulo V está fechada el 30 de marzo de 1620 y su ejecución tuvo lugar el 19 de enero de 1621 por su primer obispo el carmelita Fray Pedro de Carranza, lo cual quiere decir que en esa fecha tomó posesión de la diócesis. El obispo señaló como catedral la única iglesia de clérigos que había en la ciudad. Y en su carta de 4 de mayo de ese mismo año escribía al rey: "está tan indecente (la catedral) que en España hay lugares en los campos de pastores y ganados más acomodados y limpios; no hay sacristía, sino una tan vieja, corta e indecente, de cañas, lloviéndose toda con suma pobreza de ornamentos". Y más adelante: "El Santísimo Sacramento está en una caja de madera tosca y mal parada". "Y en cuanto toca al edificio, es forzoso el entablarla y acomodarla, so pena de que dará toda en tierra y nos iremos a una Iglesia de un convento a hacer catedral". Esta fue, pues, la que podemos denominar la primera catedral.
Cuando el tercer obispo de Buenos Aires, Fray Cristóbal de la Mancha y Velazco llegó a su sede el 6 de octubre de 1641, halló a la catedral, si no en estado ruinoso, por lo menos muy deteriorado. Así que concibió de inmediato la idea de levantar una nueva catedral y se lo comunicó al rey el 19 de noviembre de 1662. Según el plano que le adjuntó, el templo iba a tener tres naves; para su construcción se necesitarían 5.000 pesos, suma que solicitaba del real tesoro. En la persona del excelente gobernador don José Martínez de Salazar halló el obispo quien colaboraría en la construcción del templo no sólo con su influencia, sino hasta con dinero de su propio peculio. En 1671 la catedral estaba terminada: constaba de tres naves, su techo de madera y una torre; era de proporciones regulares.
Pero he aquí que una obra con tantas apariencias de solidez, al cabo de siete años, por causa de la calidad inferior de algunos materiales usados en su construcción, empezó a dar muestra de su ruina inevitable: esta es la segunda catedral.
El año 1678, el nuevo prelado, Antonio de Azcona Imberto se dirigió al rey haciéndole presente la urgencia en la reparación de la catedral, y solicitando la suma de 12.000 pesos. Su majestad acudió a la demanda, de tal manera que en octubre de 1680 se dio comienzo a las obras.Pero aquí surgieron otras dificultades, porque el techo se desplomó, se destruyó a consecuencia de ello el retablo del altar mayor y se impuso la demolición de la torre por la gravedad de su deterioro.
Su reconstrucción marchó muy lentamente, sobre todo por razones de orden económico. A pesar de ello, en 1690 la iglesia con sus tres naves estaba cubierta, aunque todavía faltaba adecentar su interior y por la parte de fuera sus capillas, la sacristía y había que elevar la torre que hasta entonces sólo contaba del primer cuerpo. Para hacer frente a todos los gastos se echó mano de todos los medios disponibles: la real hacienda, el obispo con sus rentas y alhajas, el vecindario con sus limosnas. La obra siguió adelante, pero por las sólitas dificultades económicas, al fallecer el obispo en el año 1700 aún no estaba concluida. Esta fue la tercera catedral.
Su sucesor fue el trinitario fray Pedro Fajardo, apostólico y santo prelado, que como es de suponer puso todo su empeño en la conclusión de las obras de la catedral. En carta de 20 de agosto de 1721 comunicaba el obispo al rey que ya se había dado cima a una de las torres y estaba interesado en levantar la segunda.
Pero al año siguiente -1722- la techumbre del templo se iba deteriorando de tal modo, que se temía su derrumbamiento. Enfermo y en cama, el obispo pidió al Cabildo Eclesiástico que se hiciese cargo de la obra. Ya se supone que la primera dificultad que se presentó fue la carencia de recursos económicos. El Cabildo, en tal coyuntura, dirigió un exhorto a los miembros del Ayuntamiento a quien competía, también, poner manos en ese asunto. Pero por un motivo u otro –algunos verdaderamente fútiles- se pasaron dos años sin que se hubiera adelantado nada. Entonces es cuando surge la figura del arcediano Marcos Rodríguez de Figueroa y con él las cosas entraron por la vía recta. A su actividad y celo por la causa de Dios se debe la terminación de la obra de la catedral. Para ese efecto, la real hacienda puso 1.800 pesos y él 3.000 de sus propios haberes; el arcediano consiguió 1.500 del vecindario e hizo un empréstito de 2.500 y 1.000 provinieron del cabildo secular. Se terminó el trabajo de las torres, el arreglo de las naves y el del pórtico; además, en 1725, un tal Tomás Trupp, hizo una donación de 5.000 pesos para las campanas. Esta fue la cuarta catedral.
Al morir Fray José de Peralta, se reunió el Cabildo y eligió vicario capitular al Dr. Bernardino Verdún de Villaysán, una de cuyas principales ocupaciones –y las del Cabildo- fue el mejoramiento de la catedral. Como primera providencia, tanto el vicario capitular como el Cabildo, hicieron traer de Potosí 400 libras de oro y los elementos necesarios para hacer dorar el retablo; luego se ocuparon de blanquear la sacristía mayor, los pilares del cañón principal, de todas sus capillas y del bautisterio. Además de ello, el Cabildo se ocupó en hacer alargar el presbiterio, ensanchar la mesa del altar mayor, cuyo retablo compuso en sus dos caras: tampoco olvidaron los señores canónigos la sala capitular y el archivo, que se preocuparon de ordenar y componer según las normas de la época de tal manera que no sufrieran deterioro los documentos y papeles que en él se habían de guardar. El Cabildo tuvo que sufragar los gastos que traían consigo estos arreglos y adecentamientos. Un vecino de la ciudad, nombrado Agustín de García, donó 500 pesos para el dorado y pintura al óleo del coro principal. Esta fue la quinta catedral.
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Puerto de Buenos Aires



El puerto de Buenos Aires es el principal puerto de la Argentina, operado por la Administración General de Puertos Sociedad del Estado. Es uno de los principales puertos marítimos para las cargas procedentes del interior del país.
El puerto actual se construyó a partir de finales del siglo XIX (Puerto Madero y Dock Sud), y se amplió durante la primera mitad del XX (Puerto Nuevo). Hoy mueve unas 8.710.000 toneladas anuales de carga, aunque el tráfico de pasajeros —fundamental durante la época de oro de la inmigración en Argentina— ha desaparecido casi por completo, con excepción de las líneas de corto recorrido hacia las ciudades uruguayas de Colonia del Sacramento y Montevideo.
[editar] Historia
Antes de construirse la actual infraestructura, Buenos Aires contaba sólo con un fondeadero o embarcadero de poca profundidad frente al llamado bajo, un terreno anegadizo y de difícil tránsito ubicado entre la barranca sobre la cual se levantaba la ciudad y la costa, a partir aproximadamente de la línea demarcada hoy por las avenidas Leandro N. Alem y Paseo Colón. Los barcos mercantes fondeaban a varias millas de distancia de la costa, desde donde carga y pasajeros transbordaban a embarcaciones de poco calado que los aproximasen a la orilla. La constante descarga de material aluvional procedente del río Matanza impedía la apertura de un canal profundo para facilitar la tarea.
Durante la mayor parte del siglo XIX, el fondeadero natural de las Balizas Interiores ejerció como principal destino para el tránsito portuario. En 1872 se simplificó el trabajo de desembarco con la construcción de un largo muelle —llamado de las Catalinas por ubicarse frente a la iglesia y convento de Santa Catalina de Siena—, que penetraba varios cientos de metros en el río para facilitar el arribo de las embarcaciones más pequeñas. Serviría durante dos décadas, hasta que el plan del ingeniero Eduardo Madero para la refacción del puerto reestructurasen completamente su aspecto y funcionamiento.
En 1868 la Ley Nº 280 del Congreso de la Nación Argentina había ordenado la realización de estudios técnicos para determinar el punto más apto para la erección de un puerto moderno. La proximidad a la ciudad era deseable, sobre todo para mantener el control fiscal de la mercadería de importación y exportación. En 1871 el Poder Ejecutivo Nacional comenzó a negociar con las autoridades bonaerenses el traspaso de las tierras fiscales necesarias, puesto que estas pertenecían al gobierno provincial; el acuerdo sellado a fines de 1871 disponía que el gobierno federal estaría a cargo de la dirección de las obras, aunque las disputas jurisdiccionales continuaron. No sería hasta la federalización de Buenos Aires que se resolvería el diferendo, pasando todo el territorio de la ciudad a manos federales. Con la resolución del conflicto el gobierno de la Nación dispuso la realización de los estudios necesarios, autorizó los empréstitos y contrató ingenieros para llevar adelante el proyecto.
Entre 1884 y 1897 las obras, definidas finalmente por la Ley Nº 1.257 de octubre de 1822, se llevaron a cabo bajo la dirección de Eduardo Madero. La primera dársena fue finalizada en 1888, e inaugurada el 28 de enero de 1889 por el entonces vicepresidente Carlos Pellegrini, que afirmó en esa ocasión
Creo, en verdad, que de todas las obras públicas que puede haber realizado o realizará el esfuerzo nacional, ninguna más grande y más trascendente que ésta, pues importa no sólo un progreso más, sino que da a este emporio comercial el sello que le faltaba, extiende su benéfica influencia a toda la República y alcanza con sus favores hasta las repúblicas vecinas
C. Pellegrini, Discursos y Escritos, p. 51 (Buenos Aires: Martín García, 1910)
En 1908 el puerto no bastaba para satisfacer el creciente tráfico marítimo, y se autorizó la ampliación del puerto; las obras permitieron desplazar diariamente unas 30.000 toneladas de cereales, la principal exportación de Argentina en el llamado modelo agroexportador, pero la necesidad de realizar obras complementarias para permitir un desarrollo ordenado se hacía patente. En 1911, siguiendo el proyecto de Luis A. Huergo y dirigidas por Richard Souldby Oldham, de Walker & Co., comenzaron las obras del Puerto Nuevo, que insumirían 15 años. Éste sumaría cinco dársenas más, y luego una sexta, a la infraestructura existente; a fines de la década del '20, era el puerto de Buenos Aires el mayor de América Latina y de todo el hemisferio austral.


sábado, 3 de julio de 2010

CASA ROSADA

Casa Rosada

La Casa Rosada.

La Casa Rosada es la sede del Poder Ejecutivo de la República Argentina , en él se encuentra el despacho del Presidente de la Nación Argentina. Este edificio se localiza en la calle Balcarce 50 - Ciudad de Buenos Aires, frente a la histórica Plaza de Mayo. Su color característico es rosado y es considerado uno de los edificios más emblemáticos de Buenos Aires. Alberga además el Museo de la Casa de Gobierno, con objetos relacionados con los presidentes del país. Ha sido declarada Monumento Histórico Nacional.



Historia

La Casa Rosada original y el edificio de Correos.

El edificio está sobre lo que fuera la Real Fortaleza de Don Juan Baltazar de Austria, construida por el gobernador Fernando Ortiz de Zárate en 1594 en las entonces abarrancadas orillas del Río de la Plata. La fortaleza es reconstruida en 1713, reemplazándosela por una muy sobria construcción de casi una hectárea, rodeada de ancho foso, con cuatro torreones rectangulares y, dando a la Plaza Mayor -actual Plaza de Mayo- puente levadizo, tal fuerte recibe el nombre de Castillo de San Miguel en 1720, al completarse las obras de defensa. Sirvió de sede a los gobernadores, luego a los virreyes del Virreinato del Río de la Plata y posteriormente a los gobiernos independientes desde 1810. En la década de 1820, Rivadavia ordena modificaciones que sustituyen el puente levadizo por un pórtico de estilo neoclásico.

El edificio de Correos proyectado por Kihlberg en 1873

La fortaleza fue demolida parcialmente en la década de 1850 para construir en su lugar el edificio de la Aduana Nueva, proyecto del arquitecto inglés Edward Taylor. Del antiguo edificio sólo quedaron un arco y uno de los edificios virreinales del interior del recinto amurallado demolido, que fue refaccionado como casa de gobierno. Bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, el edificio se pintó en color rosado, color que conserva hasta hoy con algunas variaciones de tonalidad a través del tiempo, desde el rosado pálido hasta una coloración cercana al anaranjado. En 1873, también durante la presidencia de Sarmiento, se proyectó el primer Palacio de Correos, obra del arquitecto sueco Carlos Kihlberg, en el espacio sur del predio que había quedado libre por la demolición del fuerte.

Los edificios de gobierno (izq.) y correos (der.) antes de su unificación.

El Palacio de Correos, demorado[1] , se completó en 1878. El nuevo edificio opacaba sensiblemente a la sede del gobierno, por lo que el presidente Julio Argentino Roca solicitó un proyecto de ensanche y reparaciones. El proyecto elegido pertenecía al arquitecto sueco Enrique Aberg (autor de otras obras notables en Buenos Aires), e implicaba la demolición de todos los remanentes del antiguo fuerte y la construcción de un edificio similar al de correos, con el agregado respecto de éste de una galería-balcón en el primer piso.

En 1894 las restricciones de espacio disponible en el edificio eran ya evidentes, y se planea unificar los edificios proyectados por Aberg y Kihlberg y destinarlos exclusivamente a la función de gobierno. Así, el presidente Luis Sáenz Peña encomienda la tarea al arquitecto italiano Francesco Tamburini. Éste proyectó la unión mediante un gran arco, que hoy constituye el acceso sobre la calle Balcarce. El edificio fue inaugurado oficialmente durante la segunda presidencia de Roca, en 1898.

LaBoca

Boca
La Boca
Datos
Población 46.494 hab.
Superficie 3,3 km2
Densidad 14.089 hab / km2
Límites Av. Martín García
Av. Paseo Colón
Brasil
Prolongación virtual de Av. Elvira Rawson de Dellepiane
Av. Elvira Rawson de Dellepiane hasta intersección con el paredón de la Costanera Sur
Paredón de la Costanera Sur
Límite catastral sur de la Reserva Ecológica
Río de la Plata
Riachuelo
Regimiento de Patricios

23 de agosto

La Boca es un barrio de la Ciudad de Buenos Aires (Capital Federal), en Argentina. Está situado en el límite sudeste de la ciudad. Su nombre se debe a que se ubica en la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata. Entre otras razones, el barrio es conocido por albergar el estadio del club Boca Juniors.

Historia

La zona donde actualmente se encuentra La Boca fue el lugar donde Pedro de Mendoza realizó la primera fundación de Buenos Aires en 1536. En épocas de la Colonia española La Boca era una zona de barracones para los esclavos negros. En el período independiente funcionaron allí saladeros (cobertizos en que se salaba la carne vacuna para la exportación) y curtiembres de cuero.

En la Boca se localizaba el principal puerto de Buenos Aires pero su poca profundidad no permitía navíos de gran calado y por eso, tras la propuesta de Eduardo Madero, el puerto se trasladó más al norte. Al ser la zona de mayor entrada de barcos, a finales del siglo XIX comenzó a ser habitado por inmigrantes italianos, principalmente genoveses, que le dieron su fisonomía actual. Los inmigrantes se agrupaban en Conventillos y pintaban sus casas con los sobrantes de pintura que traían los marineros, como la pintura no alcanzaba para pintar una casa de un mismo color, se utilizaron diversos colores para pintarlas.

Los conventillos eran construcciones de chapas con una gran cantidad de pequeñas habitaciones, donde se “acomodaba” cada familia, con una cocina y un baño compartido por todos los inquilinos que la habitaban. Siempre había un patio y balcones irregulares que fueron el ámbito donde se mezclaban y enriquecían las diferentes culturas en una interrelación que dio origen a una pintoresca versatilidad de personajes- como El bombero, la prostituta, el “cafishio”, el enano, el equilibrista o el borracho -, que son rescatados luego por el arte popular.[1]

Puerto de La Boca y puente transbordador

La Boca de 1870 tenía ya una fisonomía característica y en 1895 era la segunda sección de la Capital. Sobre una población de 38.000 habitantes, 17.000 eran argentinos, 14.000 italianos, 2.500 españoles y el resto de otras nacionalidades.

A los residentes de La Boca y por extensión a su equipo de fútbol, el popular Boca Juniors, se los conoce aún como Xeneizes (deformación de "zeneixi", es decir, genoveses, en su propio dialecto). Los inmigrantes construyeron casas de chapas de metal acanaladas, montadas muchas veces sobre pilotes o cimientos altos debido a las frecuentes inundaciones, y pintadas con colores brillantes.

Zona portuaria y proletaria, el mayor exponente artístico del barrio fue Benito Quinquela Martín, un pintor que reflejó las tareas del puerto y la vida cotidiana de su gente en estilo neoimpresionista. También el primer diputado socialista de América fue elegido por ese barrio en 1905, cuando votó a Alfredo Palacios para que los representara en el Congreso.

Deportes


El deporte ocupa un lugar central en la vida cotidiana de Buenos Aires. Alcanza con mencionar algunos eventos que tuvieron lugar en la ciudad: dos mundiales de vóley, un mundial de básquet, un mundial de fútbol, infinitos partidos de Copa Davis, peleas por títulos mundiales de box, carreras de Fórmula 1, partidos internacionales de rugby. Anualmente tienen lugar el Torneo Abierto Internacional de Tenis y el Abierto de Polo.

En Buenos Aires se publican diarios, suplementos deportivos, se emiten programas de radio y televisión exclusivamente dedicados al deporte. Una postal característica de la ciudad es, los domingos a la tarde, la gente que camina por las calles con la radio al oído, escuchando la transmisión de los partidos de fútbol.

viernes, 2 de julio de 2010

Arte


Tanto los maestros argentinos como exponentes de las vanguardias de otras partes del mundo tienen sitio en el circuito de arte porteño. Los espacios destinados a la plástica ofrecen una amplia gama de artistas, desde Berni, Castagnino y Xul Solar hasta Francis Bacon y Frank Stella.

Artistas como Guillermo Kuitca, Alfredo Prior y Rómulo Maccio tienen una importante proyección internacional. Además de vender su obra en todo el mundo, integran las colecciones permanentes de grandes museos.

Quinquela, Noé, Alonso, De la Vega, Gorriarena, Roux, Minuji, Carpani, Marcos López y Coppola son otros de los grandes artistas consagrados.

En la ciudad hay muestras de pintura, fotografía, escultura, arte digital e instalaciones. También se pueden ver obras de arte en espacios públicos, desde esculturas clásicas hasta murales con motivos tangueros en Caminito (La Boca) y en el pasaje Jean Jeaurés (Abasto).

La cultura


CULTURA La ciudad ofrece paseos tradicionales y lugares secretos. El Colón y pequeños teatros experimentales. Librerías antiguas y nuevos centros culturales. Más de cien museos. Ferias artesanales y modernos centros comerciales. Cafés históricos. Tango, milonga. Parques. Bares donde disfrutar el primer y último vaso de la noche.

Para la oferta turística y cultural hay que consultar la Agenda de la Ciudad, que permite organizar un programa de actividades según los gustos, con información detallada de los espectáculos.

Además la sección de espectáculos y el suplemento especial Cultura BA del diario Página 12. El suplemento se puede obtener gratis en los centros de informes.

Los carteles verdes con el escudo de la Ciudad están en las veredas e informan sobre los espectáculos que organiza la Secretaría de Cultura: son de primer nivel, gratuitos o de precios muy accesibles.

En las listas que se ofrecen, al pie del nombre de cada teatro, museo o centro cultural figura un teléfono y un contacto electrónico.

Otra alternativa es acercarse o llamar a los centros de información turística de la Ciudad.